TAEDIUM VITAE
Pasan algunos chicos
en bici. Son las dos
y media y la heladera
tiembla y suplica. ¡Cuándo
mi corazón será
uno con estas sombras!
Mi silla es un estorbo
que no conoce fin.
Pongo música, pienso
a la vez, me torturo
de sólo estar. Avispas
muerden mi cuerpo indócil,
sin sosiego posible.
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