a Antonella NunziataRejas sucias, pintadas
alguna vez de negro,
me separan del patio.
Y más allá otras rejas
me protegen (¿realmente?)
de la calle y sus sombras.
De todos modos, nadie
está a salvo por más
que viva en un castillo.
Abrí sin más los ojos:
el enemigo habita
en uno mismo, y punza.

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