LIBIDO
Ya no puedo quererte:
por fin se me hizo obvio
lo afirmado. Pensar
que me mostraba entero
y locuaz ante el mundo.
Debajo trabajaba
la pena, y me invadió
un cansancio sin nombre
por meses hasta que
me lo dije: te fuiste
y no debo buscarte
de nuevo. La sorpresa
fue que todo --mi mente
y mi cuerpo-- por una
luz clara fue bañado
y renací a la vida.
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