DESPUÉS DE LA MUERTE DE DIOS
La noche se reasume
sin más en la quietud.
Pasa un auto que irisa
el borde del silencio
con su motor y, oscuro,
se pierde en la distancia.
El silencio es, en cambio,
la espera de una cosa
--¿una voz?, ¿sólo un roce?--
que ya no llegará.
Lo mismo estás pendiente,
ángel de su sentido.
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