sábado, 9 de noviembre de 2019

EL DESIERTO Y LA SED


Cuando uno escribe busca 
temas potables. Napa 
tras napa de la mente 
son horadadas. Surgen 
a veces aguas sucias, 
imbebibles: un fiasco, 
y encima peligroso. 
Uno es un rabdomante 
del sentido: antenitas 
de vinil nos informan 
cuándo no hay que escribir, 
cuándo el poema trepa 
desde una vena noble. 

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