EL DESIERTO Y LA SED
Cuando uno escribe busca
temas potables. Napa
tras napa de la mente
son horadadas. Surgen
a veces aguas sucias,
imbebibles: un fiasco,
y encima peligroso.
Uno es un rabdomante
del sentido: antenitas
de vinil nos informan
cuándo no hay que escribir,
cuándo el poema trepa
desde una vena noble.
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